domingo, 8 de agosto de 2010

Analízate... Angélica

Qué tal, estimados/as, acá vuelvo con otro personaje para dejar al descubierto en su psiquis. Si el anterior era todo un clásico (Coyote), ahora nos vamos a los noventas a dejarles las impresiones de esta servidora sobre un personaje de serie infantil. Sí, no es fácil meter a una pequeña de tres años en este espacio, pero tiene razones de sobra para analizarla. En la Casa Matriz ponemos a la niña de la serie Rugrats, Angélica Pickles.

Desde que esta serie se dio por el canal Nickelodeon (en EE.UU.) y llegó a Chile vía MEGA, hemos visto cómo se da la convivencia entre seis niños de temperamentos distintos: Tommy Pickles (un año), su hermano bebé Dil, el miedoso Chuckie Finster (Carlitos, dos años), los mellizos Phil y Lil DeVille y la mayor del clan, Angélica Pickles (tres años), prima de Tommy. En este grupo, la niña rubia se hace reconocible por su carácter fuerte y dominante. Tanto así que llega a ser detestable entre la audiencia. Sí, sabemos que es sólo una niña, pero ¿quién podría aguantarla?

Vamos viendo... En uno de los capítulos de Rugrats, Angélica inventa una hermanita gemela con el truco de arreglarse un poquito el pelo y simular un comportamiento mucho más dulce. ¿Una manera de llamar la atención? Seguramente. En otro episodio, se muestra celosa de que le puedan hacer daño a su muñeca regalona, Cynthia (una especie de Barbie). En resumen, es una niña que sabe lo quiere, y que patalea si es necesario para conseguirlo. Y en dos palabras, niña consentida.

Pero lo odiable no es Angélica por sí sola, como todo personaje de ficción, sino lo que vemos de ella en muchas niñas y mujeres de diferentes edades. Un ejemplo de esto son las teenagers ABC1 de programas como Mis Super Dulces 16 y Quiero mis Quince, de MTV. Estas Angélicas de carne y hueso dedican un tiempo a dejarse filmar mientras sus padres les hacen los preparativos de una carísima y lujosa fiesta en que espera opacar a todas las fiestas de 15 ó 16. Se molestan si algo llegase a caer, como el exclusivo auto que regala papá, el número con el bailarín más guapo, el vestido que pondrá verdes de envidia a las invitadas (ojalá bien ajustado y con un escote que haga ruborizarse hasta a Beyoncé) o la recepción de lujo (como princesa o en un helicóptero, por ej.), entre otros puntos que suman millones de dólares. Y desean ser todas unas princesas, ojalá por mucho tiempo, sin importarles que el resto las mire como gato frente a la carnicería. Un patrón de conducta que caló hondo en Chile, especialmente en el alumnado de colegios caros, de chicas de 13 a 15 años que desean verse como las de 18 o de las que caen en el saco de las peloláis.

En la TV chilena también hay algunos referentes femeninos, especialmente de las teleseries noventeras. En la teleserie de TVN Estúpido Cupido, Claudia Burr interpreta a Isabel Margarita Dublé, una escolar de clase alta, hija del alcalde, con una personalidad de temer, que es capaz de hacer trampa con tal de conquistar al galán que interpreta Álvaro Rudolphy (de nombre Aníbal Donoso). Al año siguiente, en este mismo canal para la teleserie Sucupira, Tamara Acosta representa a la también liceana Daniela López, una chica que planea junto a sus amigas arruinarle la exitosa vida de santiaguinas top al cuarteto liderado por Ángela Contreras. Y aunque ambas teleseries salieron antes del estreno de Rugrats en Chile, los personajes de Claudia y Tamara sientan un precedente de la niñita mimada estilo Angélica Pickles.

Pero no es necesario ser una niña o adolescente ABC1 para ser considerada una Angélica Pickles. De seguro ustedes se habrán topado con alguna mujer odiosa, manipuladora, enojona, que intenta absorberle la paciencia a toda persona con quien interactúe. Puede ser la clienta que tiene a su peluquero favorito con el vaso a punto de colmarse, la jefa que exige y exige a sus empleados/as, la mujer que defiende a ultranza cualquier postura religiosa y/o política (pucha que cansa discutir de política con una mujer de ese tipo) o incluso la que llega a encabronarse con el poder, como lo fue en su tiempo la Dama de Hierro, Margaret Thatcher.

Si bien es cierto que se puede apagar la tele o cambiar de canal cuando aparece Angélica Pickles o cualquier símil en la TV, no es fácil librarse de una de ellas cuando se la topa en el día a día. ¿Consejos? Si es una familiar, no dejen que se entrometa en el terreno personal. Si es la jefa, hay dos opciones: o seguir aguantando estoicamente o renunciar al trabajo (a riesgo personal). Si es una clienta frecuente con la que trabajan (sean ustedes estilistas, vendedores o cualquier trabajo con cartera de clientes), no dejen que les cuestione como profesionales. Y si por alguna desgracia se topan con una desconocida que responda a estas características de Angélica Pickles, ignórenla. Y en general, para todos estos casos, no dejen que las malas vibras se apoderen de ustedes. Hay de todo para darle la vuelta y seguir adelante.

Sería por ahora con Angélica, estimados/as. Pronto llego con otro personaje de ficción para analizar su patrón de conducta. Nos vemos!

(PD: Agradezco a
Mi Caballero Andante
por sugerir los consejos ya mencionados).

2 comentarios:

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

El estereotipo de las niñas mimadas es un clásico en la TV de Estados Unidos...rubia natural, con mucho dinero de sus padres o, por defecto, estar en los extremos del orden familiar (hermana mayor o menor).

Hay dos ejemplos clásicos: uno es el de Rachel Green (Friends) quien, hasta el día de su boda (de la cual huye) usa las tarjetas de crédito que paga su padre. Y otro es el de Cher Horowitz, la blonda colegiala de la película Ni Idea.

Algunas veces, esta clase de personalidad sufre un choque muy intenso con experiencias no muy agradables. Pero tampoco esperemos que los cambios se den de la noche a la mañana...la clave, creo yo, está en saber establecer equilibrios entre lo que se da y lo que no se otorga. Pero es un proceso.

Bueno...aunque hice uno que otro aporte, al final el mérito de este análisis es enteramente tuyo, Musa. Besos...Te Quiero Mucho.

Jocho dijo...

Excelente análisis, recuerdo que de niño veía Rugrats y Angélica era, como mínimo, insufrible (se hizo algo más tolerable cuando creció, sin embargo... cosa que no pasa con todas las niñas mimadas).

Sobre el comentario anterior, ni Rachel ni Cher Horowitz comparten totalmente las características. Son mimadas, tal vez demasiado pero definitivamente no llegan a ser irritantes (al menos para mi Cher es un personaje entrañable (?) )

¡Saludos!